En la pasada entrega se habló un poco de la oposición del Uribismo al proceso de paz que se lleva a cabo en la Habana, Cuba con la guerrilla de las FARC - o la FAR como dice el patrón Uribe -, y quedó claro que dicha oposición obedecía más a una presión internacional que a un verdadero "dolor de patria" manifestado por los detractores del proceso.
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Se hace necesario tomar en cuenta la presión internacional, ahora más que nunca, dado que el contexto socio-económico global esta marcado por una "mano invisible", que a diferencia de la planteada por Adam Smtih, no tiene tan buenas intenciones y regula las leyes internacionales para que las empresa multi y supranacionales puedan disponer de planeta entero sin importar el impacto social y ambiental que tengan sus actos.
Este contexto es un poco delicado de exponer, ante todo por el tono ridiculizante que utilizan los protectores de esta realidad. Sin embargo, es menester de todos los ciudadanos del mundo poner atención a toda la información que ya se conoce sobre este complejo e intrincado sistema internacional que permite, hoy por hoy, el control casi total del mundo. Dicha información es la clave para comprender porque los presidentes no pasan de ser simples marionetas en un contexto global controlado por mega corporaciones.
Partiendo de esta evidente realidad, se puede hacer una lectura más aterrizada del complejo ambiente social que vive Colombia, y las pocas o nulas posibilidades de lograr una verdadera paz. Al menos en el corto y quizás mediano plazo.
La educación, el talón de Aquiles
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Un proceso serio de paz debe partir por brindar buenas bases a la sociedad para evitar que en algún momento de su trasegar, un grupo de personas decidan alzarse en armas contra cualquier otro grupo. Dichas bases solo pueden ser construidas con una educación de calidad, y por calidad se hace referencia a una educación que forme seres independientes con capacidad de gestión, y no una que forme excelentes empleados.
En Colombia, le educación está desnutrida en presupuesto y de repeso, los contenidos llevan mas de 50 años sin ser modernizados. Aunque se han hecho algunos intentos, solo se ha logrado hacer de los centros educativos instituciones especialistas en castrar intelectualmente a los genios y hacerle coger fobia a la sabiduría a los no tan genios.
Hace falta una política real, de reformar la educación en todos los niveles. No se trata solo de asignar presupuesto - aunque la inversión es vital para la educación -, se trata de replantear el objetivo de la educación en el proyecto de nación. Las escuelas deben producir excelentes ciudadanos, con capacidad para convivir en comunidad y desarrollar proyectos en equipos. Y las universidades deben producir científicos y/o empresarios con capacidades para generar nuevas industrias.
Un proceso de paz serio debe partir por hacer las paces con la población civil. Esa misma que está en medio de todos los actores violentos sufriendo los abusos hasta del propio estado. ¿Porque negociar la paz con grupos armados sin antes lograr la paz entre el estado y los ciudadanos?. Es precisamente una educación de calidad un primer paso para sembrar la paz entre la población, sin embargo, se necesitan de muchos otros pasos para lograr cortar el suministro de personal resentido a los grupos irregulares.
Además de un eficiente sistema educativo, se precisan de oportunidades laborales decentes. Es por esto que se necesita de manera urgente profesionalizar el campo colombiano, para así lograr que estas personas accedan a las herramientas conceptuales necesarias para hacer mas productivas y competitivas sus tierras. Es momento de olvidarnos del café y replantear la estrategia agraria en Colombia; pensando en otros frutos mas rentables; pues el café contra el que toca competir en el mercado global, es un café altamente tecnificado. Algo imposible de lograr con la accidentada geografía nacional. Es por esto que tocaría replantear la estrategia para incrementar el bienestar de los campesinos de Colombia, puesto que su miseria es el caldo de cultivo para la violencia. Y si se va a hablar de paz, pero en serio, se tiene que abordar el problema de raíz.
Los diálogos de la Habana son un paso importante, pero no se debe olvidar que no es ni sera suficiente, pues suponiendo que la guerrilla de las FARC depongan las armas, dejen de extorsionar los mineros artesanales, terminen con el negocio de la droga y en general dejen de ser un grupo terrorista; no estaríamos ni a medio camino. Porque aún quedaría un país invadido de bandas criminales (otro nombre para grupos fragmentados de paramilitares), de pandillas juveniles al servicio del micro trafico, bandas de ladrones, congresistas corruptos y demás llagas de la sociedad que jamas permitirán llegar a la tan anhelada paz.
Al final queda la sensación de que los diálogos con las FARC son una payasada, sin embargo al menos algo diferente se está haciendo, pues terminar una guerra con mas guerra es apagar un incendio con gasolina. Sin embargo, es necesario que el gobierno refuerce la estrategia para lograr una paz verdadera, ya que Colombia tiene todo lo necesario para ser una super potencia, pero mientras aquí se dicten la educación y los dogmas económicos establecidos por aquella "mano invisible" planteada al principio, no habrán oportunidades para un paz real.


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